La familia del historiador Rubio Paredes recibe el pergamino de concesión de la Medalla de Oro

El Ayuntamiento de Cartagena ha hecho entrega a la familia del difunto José María Rubio Paredes del pergamino de concesión de la Medalla de Oro. El encuentro, de carácter íntimo, ha tenido lugar en el Palacio Consistorial este martes, 21 de diciembre. Al mismo ha asistido la alcaldesa Noelia Arroyo, la vicealcaldesa Ana Belén Castejón, el teniente alcalde Manuel Padín y los ediles de la Corporación Jesús Giménez y Leli García.

El Consistorio aprobó de forma unánime la concesión de la Medalla de Oro a Rubio Paredes, pero su reciente fallecimiento el pasado mes de noviembre hizo imposible entregarle este reconocimiento en vida. Hubiera cumplido 100 años el próximo 1 de enero.

La alcaldesa ha resaltado que “Rubio Paredes es para muchos el investigador histórico de Cartagena más importante, no solo por la profundidad de sus estudios, ni por su obra ingente, sino por las puertas y los nuevos caminos que sus trabajos han abierto a otros investigadores y de los que seguirán alimentándose generaciones de estudiosos de Cartagena. Su trabajo seguirá siendo un campo fértil durante décadas para hacer historia de Cartagena”.

En nombre de la familia, Manuel Rubio, hijo del historiador, ha agradecido esta distinción del Ayuntamiento. Y ha destacado que “mi padre tuvo conocimiento en vida de este reconocimiento de la ciudad de Cartagena. De las muchas distinciones que ha tenido durante su trayectoria esta era la que más le había emocionado y calado hondamente”.

“Mi padre ha dedicado tanto tiempo a Cartagena porque, cuando se jubiló, después de toda una vida trabajando, no sabía jugar a las cartas, ni al dominó, y dijo, pues voy a seguir estudiando, pero de Cartagena, que era su segundo amor, después de su esposa. Él llevaba a Cartagena en el corazón”, ha relatado el hijo de Rubio Paredes.  También ha recordado a su progenitor con el entusiasmo con el que él vivía las cosas de Cartagena, donde vivió una infancia muy feliz en la plaza del Ayuntamiento, donde se crío. “Cuando volvíamos de viaje decía que dónde esté el vino de Cartagena que se quite el Chacolí o el Barbadillo”, ha comentado.

Rubio Paredes, Medalla de Oro de Cartagena, Miembro de la Real Academia de Alfonso X el Sabio y pregonero de la Semana Santa y de las Fiestas de Carthagineses y Romanos, cursó Medicina en la Universidad Complutense, donde ejerció como profesor adjunto de Bioquímica y Fisiología en la misma Universidad.

En 1950 fue contratado por la Compañía Española de Penicilina y Antibióticos, S.A., dedicando más de 20 años de su vida a la investigación, desarrollo y producción de antibióticos. Miembro de varias sociedades médicas españolas e internacionales publicó trabajos en prestigiosas revistas científicas.

A comienzos de los 70 se inició en la investigación histórica tomando Cartagena como eje y referencia para sus estudios. Pocos historiadores han aportado tanto a la historiografía de Cartagena. Su ingente obra escrita, goza del reconocimiento de historiadores y eruditos. Los documentos por él encontrados en archivos de toda España han servido de base para otros historiadores: Una veintena de libros publicados, una decena de libros inéditos.

Además, fue crucial para Cartagena su amistad con Carmen Conde. Su papel como albacea fue básico para traer a Cartagena el legado literario y personal de la insigne académica cartagenera, tras su fallecimiento, con la creación del Patronato y Museo Carmen Conde y Antonio Oliver en 1994.

Donó en 2008 el conjunto documental reunido a lo largo de su vida. Está depositado en el Archivo Municipal está compuesto por un fondo bibliográfico de más de 1.000 libros relacionados con la historia de Cartagena, más de un centenar de carpetas con documentos sobre sus investigaciones en torno a la ciudad, algunos de ellos publicados y otros inéditos, y numerosas copias de ejemplares extraídos de archivos históricos de todo el país relacionados con la ciudad.

PALABRAS DE SU NIETO DAVID FONTCUBERTA RUBIO

“Buenos días.

En nombre de mi familia, Rubio Cerdido, y sobretodo de mi abuela, Carmen Cerdido, quisiéramos agradecer a todo el equipo de gobierno de la ciudad de Cartagena por la concesión de la Medalla de oro de la ciudad a José María Rubio Paredes, mi abuelo.

Igualmente y con todo nuestro cariño, un especial reconocimiento a los impulsores de esta iniciativa Francisco Velasco y Joaquín Alcaraz, compañeros de horas de estudio de mi abuelo en el Archivo Municipal, a los cronistas de la ciudad que apoyaron la propuesta y a los historiadores que participaron en el libro homenaje que se presentó hace unos meses y del que mi abuelo hacía gala y orgullo en sus últimos meses de vida.

Para nosotros, Cartagena es familia. Ese hogar, en la que siempre puedes llegar sin llamar, y que aunque haya cambiado o transformado enormemente, es tuya, te sientes bien. Para José María Rubio Paredes, Cartagena era parte de su vida.

En su biografía cuenta que : “Nací el uno de enero de 1922 de gracia de Nuestro Señor Jesucristo a las seis y media de la mañana en edificio número 4-6 de la calle del Carmen de Cartagena. Todavía no amanecía, me adelanté, como siempre. En este caso a la primera la aurora de aquel año ¡que no se me haga tarde!”

Los recuerdos más asiduos de mi abuelo es con el ruido de la maquina de escribir en pleno agosto, en la casa de Cabo de Palos. Mientras el resto de la familia nos íbamos a la playa, mi abuelo se quedaba rodeado de papeles, textos en romano, libros y música clásica, escribiendo sobre el faro de Cabo de Palos, el Fuerte de Navidad o la construcción de este edificio: el Palacio Consistorial de Cartagena en el que hoy se le hace entrega del pergamino de la Medalla de oro de la ciudad.

Es en esta plaza del Palacio Consistorial donde mi abuelo se crió y creció desde el año de vida hasta que marchó a estudiar a Madrid. Su padre, médico municipal, tenía la consulta en este mismo edificio como responsable de sanidad de la ciudad. Y fue en esta plaza, donde tengo el primer recuerdo de mi abuelo relacionado con Cartagena.

Fue cuando en 1996 le nombraron pregonero de las fiestas de cartagineses y romanos : recuerdo que subíamos por esas grandes escaleras de mármol que me parecían enormes. Íbamos toda la familia y mi abuela le decía a mi abuelo : “papi, no grites mucho no te vayas a quedar afónico…”

Por supuesto mi abuelo eufórico, gritó, porque no había nada más importante para él en ese momento que el amor por su tierra, Cartagena, su cultura y sus gentes. No se si existirán otros jóvenes en esta ciudad que cuando vayan a visitar a su abuelo, este les hable con orgullo del humanista Francisco Cascales, de la escritora Carmen Conde, de las fortificaciones de la bahía de Cartagena, del anfiteatro o de la gran ciudad de Cartago Nova. ¡la de horas que nos habremos pasado mis primos con mi abuelo detrás de la verja de las excavaciones del teatro romano… desde cuando solo se había descubierto un pequeño capitel y unas inscripciones romanas en una piedra de los cimientos de la catedral vieja…!

Mi abuelo era un hombre cosmopolita. Tenía una visión contemporánea, racional y completa del mundo. En una de nuestras últimas conversaciones que fui a visitarle al hospital, me decía : “te das cuenta David, de la grandiosidad de este mundo, un día antes estabas en Martinica -donde yo resido actualmente- y hacíamos videollamada y hoy, en menos de 24 horas, estás aquí…”

Toda esta pasión por descubrir, plantearse las existencias y buscar el secreto en el pasado para enfocar el futuro era lo que le motivaba en su afán investigador. Mi abuelo fue un profesional que en la España de posguerra tuvo la oportunidad de ir a estudiar medicina a Madrid y hacer estancias profesionales en Estados Unidos, Alemania, Italia y Francia. Desarrolló una carrera profesional, como el diría, magnífica. Y que por suerte de la vida, se jubiló a una edad temprana para resolver una de sus frustraciones : no vivir en Cartagena.

Para curar esa herida con la ciudad y con él, se enfundó en una investigación que le llevaría a trabajar durante más de 45 años para publicar más de dos docenas libros, centenares de artículos en revistas, conferencias y entrevistas, y otras tantos escritos que no están todavía publicados, pero con su afán de entrega benévola, están en el Archivo Municipal de Cartagena.

Mi abuelo en su biografía escribe sobre esto: “Pero digo que, siempre y ahora, mi corazón y mi mente están en Cartagena, en la tierra de mis antecesores, de mis padres, donde nací, donde conocí a mi novia y luego mujer -Maria del Carmen Cerdido Ferrer -, donde me casé, donde nació mi hija María del Carmen,… salí de Cartagena para hacerme médico y hacer mi vida, pero con la ilusión de gozar de esa tierra, de ese mar, de ese cielo en los años de jubilado que Dios me concediera… mi casa en la calle muralla del mar, en la planta más alta del edificio desde la que mis ojos se cerraran eternamente mirando el puerto, los faros, el mar,…”

En los últimos días, mi abuelo preguntaba constantemente : “mamá -refiriéndose a mi abuela-, ¿cuándo nos vamos a Cartagena? Me quiero ir a Cartagena.” Cuando me despedí de él en el hospital en noviembre, quedamos para venir a recoger la medalla juntos. Abuelo, ya estás aquí, en tu ciudad. Y todos hemos venido para acompañarte. La medalla de todos los cartageneros y las cartageneras es tuya. Descansa en paz, porque estás en Cartagena”

David Fontcuberta Rubio
Nacido en Cartagena, nieto de José María Rubio Paredes